domingo, octubre 22, 2006

Peripecias del Pensamiento Insaciable I


No puedo evitarlo. Necesito ayuda.

Quiero abandonar este vicio pernicioso que me conduce a la perdición, a la locura. He probado con todo: con grandes dosis de informativos manipulados, con parches de telebasura, con pildorazos multicolor de prensa partidista y descarada...Incluso me he rendido cándidamente a los hipnóticos efectos de las videoconsolas. Nada.
Soluciones pasajeras que alivian mi pesar durante unos minutos tan solo, apenas unas horas... A la que me descuido, PIENSO.
     No puedo evitarlo, lo juro. Es superior a mis fuerzas. En cuanto apago la televisión o el ordenador o cualquier otro método de integración social similar, mi cabeza rompe a pensar en cálidas oleadas de imágenes, ideas, reflexiones y melodías de forma tan arrebatadora que anula por completo mi voluntad. Las asociaciones de ideas vienen y van en continuas y lacerantes sucesiones que no puedo detener y que, después de dar muchas vueltas, se acomodan sobre mi mullido cerebro igual que mi perra sobre su cojín. Y ahí dormitan hasta que alguien las despierta; entonces ladran rabiosas y defienden con furia su espacio, su territorio, su universo...
     PERDÓN, lo siento. Soy débil. ¿Entendéis ahora mi súplica? Otra vez vuelvo a pensar, a razonar una y otra vez sin terapia alternativa que remedie mi mal. Quizá sea el momento de probar la cirugía y proceder a la extirpación definitiva. Sólo a mí se me podía ocurrir sembrar mi cerebro en la Era del Culto al Cuerpo.

     Me avergüenzo por pensar. Pensar, así sin avisar, sin decoro alguno y delante de todos. ¡Qué vergüenza!

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