domingo, junio 03, 2012

Yo también estudié en la Pública.


    Yo también estudié en la Pública y estoy orgulloso de ello…, algo que ya no podrán decir mis hijos y, si este gobierno continúa con su holocausto de lo Público, tampoco mis nietos.

       Los miembros de esta Casta Política que intenta someternos y que se ha reproducido exponencialmente durante estos casi 40 años de simulacro de democracia en el que vivimos inmersos, extendiéndose peligrosamente como una plaga de langosta que asola lo que encuentra a su paso, han sido capaces de llegar a acuerdos para blindar su posición económica presente y futura; han logrado consensuar mecanismos legales que les aseguren la más absoluta impunidad ante la comisión de descaradas irregularidades políticas y presuntos delitos; olvidando diferencias que parecían insalvables, han alcanzado pactos obscenos para robar el legítimo gobierno de un ayuntamiento o comunidad autónoma al partido elegido mayoritariamente por los votantes; incluso se han alineado sin discusión para ultrajar la que anteayer defendían como la “Norma Suprema”, la Constitución, a fin de avocarnos a la anorexia presupuestaria más exacerbada; pero se han mostrado incompetentes, irracionales, ineptos y cerriles para llegar a un compromiso unánime sobre el Modelo Educativo común para el óptimo desarrollo intelectual y personal de nuestros hijos, de nuestros jóvenes, de nuestro futuro como sociedad.

           Unos por miedo a la Libertad y otros porque cuando la tienen no saben cómo administrarla, los sucesivos sistemas educativos de estos últimos 30 años han constituido una concatenación interminable de experimentos pedagógicos fallidos en los que nuestros chavales han sido las cobayas de laboratorio para el trabajo de campo sin tener en cuenta la irreversibilidad del procedimiento en cada uno de ellos. Las Escuelas deben TENER laboratorios, no SER laboratorios.

   La artificiosa incompatibilidad de la memoria con la experimentación en el proceso cognitivo, la interesada guerra de las lenguas oficiales, las mentiras de y sobre los nacionalismos, las falsedades históricas que han sido montadas y desmontadas hasta acabar resultando dogmas de fe en lugar de hechos contrastados dignos de profundo conocimiento han acabado impregnando arriesgados planes docentes elaborados por especialistas en la materia, algunos de ellos pedagogos de salón, y que han sido prontamente saboteados con precisas amputaciones de los medios materiales y humanos necesarios para su desarrollo; leyes que eran modificadas por reales decretos que a su vez eran alterados a través de instrucciones u órdenes internas en las delegaciones; planes de estudios y asignaturas que aparecen y desaparecen, utilizadas como armas arrojadizas desde las ballesteras de las consejerías… Más que carreras universitarias, nuestros jóvenes cursan carreras de obstáculos con metas inciertas mientras los responsables políticos hincan sus hocicos en los mil y un informes que nos ponen a la cola de Europa en nivel educativo sin encontrar la explicación, cuando es clara y patente: los que no alcanzan el nivel intelectual preciso para la función que les hemos encomendado son ellos. Y no hace falta ningún informe estadístico de gran repercusión para constatarlo.

     Por eso es de ellos de los que hay que defender la Educación Pública, que es nuestra, de todos. Defenderla antes, ahora y siempre- con más fuerza ahora porque los embates directos que este gobierno está arrojando contra sus cimientos hacen tambalear los escasos pilares que tanto tiempo y esfuerzo ha costado consolidar en estos 30 años-. Y no una Educación Pública “ per se”, sino un Proyecto educativo común, real, debatido y consensuado por todos los participantes en el ámbito educacional para que sea sólido, estable y con proyección futura, blindado ante intervencionismos coyunturales políticos o partidistas e interesados, perfectamente estructurado e interconectado en todos sus niveles -algo de lo que adolece actualmente- para facilitar la progresiva consecución de los objetivos educativos propuestos, objetivos que han de ser tangibles, concretos y, sobre todo, prácticos. Y todo ello con el indiscutible carácter de gratuidad que garantice el acceso al conocimiento y a la formación sin discriminación alguna.

     Ese es el germen del Proyecto de Común, Progresivo y Gratuito de Educación Pública que hay que defender para que las próximas generaciones también puedan sentirse orgullosas de haber estudiado en ella… y de nosotros por haberlo defendido.                                                          Javier Aldeguer                      
                                                           Junio 2012

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